Lo que aprendí escalando mi primera empresa: 3 errores que nunca repetiría
Hay cosas que solo se aprenden emprendiendo. No en un MBA, ni leyendo libros de estrategia, ni escuchando a otros emprendedores hablar de sus éxitos.
Se aprenden en el barro: tomando decisiones bajo presión, equivocándote rápido, y entendiendo que liderar una empresa no es solo tener una visión clara, sino también saber cuándo adaptarla.
Cuando fundé mi primera empresa tenía más energía que método. Tenía una idea potente, un equipo pequeño con mucha ilusión y una confianza ciega en que, si hacíamos las cosas bien, el mercado nos recompensaría.
Pero el mercado no siempre es justo. Ni los buenos productos triunfan por sí solos. Y a veces, lo que más cuesta aprender no es cómo crecer, sino cómo no hundirse mientras lo haces.
En este artículo quiero compartir tres errores que cometí al escalar mi primera empresa, y lo que aprendí de cada uno. No son teorías: son lecciones reales que hoy aplico en cada proyecto que dirijo o mentorizo.
1. Crecer sin entender el verdadero motor del crecimiento
Cuando una empresa empieza a funcionar, el crecimiento puede ser adictivo. Los primeros clientes llegan, las métricas suben y parece que todo lo que tocas se convierte en oro.
En ese momento, es fácil caer en la trampa de crecer por crecer.
Yo lo hice.
Contratamos rápido, ampliamos servicios, abrimos mercados y asumimos más proyectos de los que podíamos gestionar con calidad.
Durante un tiempo, funcionó. Pero en realidad estábamos construyendo una estructura frágil sobre una base que aún no era sólida.
Con el tiempo entendí algo que parece obvio, pero casi nadie aplica:
👉 no todo crecimiento es positivo.
Crecí en facturación, sí, pero también crecieron los costes, la complejidad operativa y la distancia entre el equipo y la dirección.
Habíamos pasado de una startup ágil a una empresa rígida en menos de un año.
Lección:
Antes de escalar, entiende qué impulsa tu crecimiento. ¿Son tus clientes recurrentes o los nuevos? ¿Tu rentabilidad depende del volumen o del margen? ¿Creces porque tu modelo lo permite o porque el mercado está caliente?
Escalar sin una base de rentabilidad y sin procesos claros es como construir un segundo piso sobre una casa sin cimientos.
Hoy, cada vez que ayudo a una empresa a diseñar su modelo de crecimiento, empiezo por una pregunta simple:
¿qué parte de tu negocio aguanta si mañana todo se ralentiza?
2. No invertir en liderazgo ni cultura desde el principio
Durante los primeros años, pensé que el liderazgo se construía solo.
Que bastaba con tener un propósito fuerte, un equipo comprometido y buenos resultados.
Pero cuando la empresa crece, todo cambia: los problemas de comunicación se multiplican, las decisiones se descentralizan y la cultura se diluye.
El día que más lo noté fue cuando un compañero, después de una reunión tensa, me dijo algo que aún recuerdo:
“Sergi, ya no sabemos qué esperas de nosotros”.
Ahí entendí que había fallado en mi rol como líder.
Me había enfocado tanto en el negocio que me olvidé de liderar a las personas.
Construir cultura no es hacer afterworks ni poner frases motivadoras en la pared.
Es dar claridad, alinear objetivos y cuidar la confianza dentro del equipo.
Y sobre todo, escalar valores antes que estructuras.
Cuando una empresa pasa de 5 a 20 personas, el reto ya no es vender más, sino mantener el sentido de propósito.
Sin cultura, cualquier crecimiento es efímero.
Sin liderazgo, cualquier estrategia se queda en PowerPoint.
Lección:
El liderazgo no se improvisa.
Si eres fundador o CEO, dedica tiempo cada semana a comunicar visión, escuchar al equipo y construir los sistemas que mantendrán viva la cultura cuando tú no estés en cada decisión.
Porque una empresa puede sobrevivir sin ti un día, pero no sin dirección ni sentido.
3. Confundir innovación con dispersión
Siempre he creído que la innovación es el motor de todo crecimiento sostenible.
Pero en mi primera empresa confundí innovar con probarlo todo.
Lanzamos nuevas líneas de servicio sin validar bien la demanda, experimentamos con tecnologías que no dominábamos y abrimos demasiados frentes a la vez.
El resultado: mucho movimiento, poca tracción.
A posteriori entendí que la innovación sin foco no es innovación, es dispersión.
Innovar de verdad no significa hacer cosas nuevas, sino hacerlas mejor.
Significa tener la valentía de cuestionar lo que ya haces y mejorar cada proceso con intención.
En una etapa de crecimiento, cada decisión debe pasar por un filtro claro:
“¿Nos acerca o nos aleja de nuestro propósito central?”
Si la respuesta no es un sí rotundo, probablemente no vale la pena.
Lección:
Innovar no es añadir, sino simplificar.
Hoy, en mis proyectos y mentorías, siempre hablo de la innovación aplicada: aquella que mejora el modelo de negocio, optimiza procesos o potencia el talento del equipo.
La innovación por ego es cara. La innovación estratégica es rentable.
Lo que realmente te enseña escalar una empresa
Escalar una empresa no te enseña tanto sobre negocio como sobre ti mismo.
Te enseña a tomar decisiones con información incompleta, a gestionar la incertidumbre y a aceptar que el éxito nunca es lineal.
Con el tiempo, aprendí que el crecimiento sostenible se apoya en tres pilares:
- Modelo de negocio sólido, con márgenes claros y procesos replicables.
- Cultura y liderazgo, donde la gente entienda el “por qué” antes del “qué”.
- Innovación con propósito, que sirva a la estrategia, no al ego.
Todo lo demás —branding, inversión, talento— se construye sobre esos cimientos.
Hoy, desde la experiencia
Después de aquella primera experiencia, he tenido la oportunidad de dirigir y cofundar varios proyectos más.
Algunos han crecido con éxito, otros me han vuelto a enseñar cosas que no aparecen en ningún manual.
Hoy tengo una regla sencilla que aplico en cada negocio que impulso:
“No escales lo que no está listo para ser escalado.”
Antes de crecer, valida.
Antes de contratar, automatiza.
Antes de diversificar, consolida.
Y antes de innovar, asegúrate de que lo que tienes ya funciona.
Esa mentalidad me ha permitido construir empresas más sostenibles, equipos más comprometidos y modelos más rentables.
Si estás empezando a escalar tu empresa…
…probablemente estés viviendo ese punto dulce entre el entusiasmo y el caos.
Mi consejo: disfruta el proceso, pero no te dejes llevar por la euforia del crecimiento.
Escalar es un arte de equilibrio entre ambición y realismo.
Aquí tienes tres preguntas que siempre deberías hacerte antes de dar el siguiente paso:
- ¿Puedo mantener la calidad actual si duplico el volumen?
- ¿Estoy construyendo procesos o solo resolviendo urgencias?
- ¿Mi equipo entiende hacia dónde vamos y por qué?
Si la respuesta a alguna es “no lo sé”, detente.
Reflexiona.
Reordena tus prioridades antes de seguir corriendo.
Escalar una empresa es una prueba de madurez, tanto profesional como personal.
No hay fórmulas mágicas, pero sí principios que marcan la diferencia.
Los tres errores que yo cometí —crecer sin base, olvidar la cultura y confundir innovación con dispersión— me enseñaron que el verdadero éxito no está en crecer rápido, sino en crecer bien.
Hoy, cuando acompaño a fundadores y equipos desde la mentoría o la consultoría estratégica, intento transmitirles eso:
que el crecimiento más valioso no es el que se mide en métricas, sino el que se construye en decisiones conscientes.
💬 ¿Y tú?
Si estás en esa fase de crecimiento y te reconoces en alguno de estos errores, no estás solo.
Todos los emprendedores pasamos por ahí.
